Beatriz acude con una muleta a la entrevista. Además de ser filósofa, periodista y haber publicado su primera novela a los 17 años (lectura obligatoria en Filosofía de Selectividad), también patina en monopatín. Un mal salto le ha dañado el tobillo. Los filósofos tienen fama de dispersos, pero lo cierto es que Beatriz no es una filósofa habitual. Para empezar, porque le encanta el deporte y la aventura. Y para seguir, porque sus respuestas son tremendamente directas. No deja de sonreír mientras la lluvia golpea los cristales. Decidimos invitar a Beatriz a un té y que nos cuente su opinión sobre el mercado laboral y las carreras de letras.


¿Cómo tomaste la decisión de estudiar letras en el instituto?
Cuando estaba en el colegio, un profesor me dijo: “Vete por ciencias. Si te gusta escribir, entonces escribe divulgación científica, pero vete por ciencias. No te eches a perder”. Me lo quedé mirando y pensé: “No sabe lo que está diciendo. Ni hablar”. No había manera. Soy incapaz. Tengo un problema serio con las matemáticas se ríe-. Y además, me gustaban demasiado las palabras.
Cuando estaba en cuarto de la ESO, elegí el bachillerato de Humanidades. A mí estudiar griego y latín me acelera las venas. Pero no pudo ser. No había gente suficiente, así que al final terminé con economía y otras asignaturas que me ayudarían a labrarme un futuro -sonríe-. Menos mal que se mantenía la filosofía. Recuerdo que en el verano de cuarto a primero de bachillerato recibí el libro en mi casa y me puse a hojearlo. En la portada había un dibujo de un hombre con un candado en la cabeza. En la mano tenía una llave con la que acababa de abrirse el candado. Para mí esa es la imagen que define a la filosofía. Es la llave que abre el candado de tu mente. Empecé a leer el libro y tuve un flechazo. Allí se planteaban preguntas que yo me hacía, pero que yo no había escuchado a nadie en voz alta. Me refiero a preguntas como quiénes somos nosotros, qué hacemos en este mundo extraño, para qué vivimos, qué deberíamos hacer con nuestro tiempo. Entonces me dije: “Quiero que esta asignatura empiece ya”. Y así fue. Empezó. Y todavía no ha terminado. La filosofía no es algo que se aprenda en un aula, sino un modo de vivir.

¿Qué trabajo te imaginabas que ibas a tener después de acabar la carrera?
Algo relacionado con la escritura. Sin duda. Desde que empecé a escribir, tenía claro que quería dedicarme a esto. No sabía si podría darme de comer o no. Pero eso no me preocupaba; ya se iría viendo.

¿Desde cuándo escribes?
Escribí mi primera novela a los 11 años. Desde entonces he escrito 16 novelas más, relatos cortos, poesía, una pequeña obra de teatro… Lo considero una especie de entrenamiento. Escribir mucho es una manera de crear músculo literario. A veces la gente me mira con respeto o cree que soy una especie de genio de las letras. Yo lo digo claro: no es así. No tengo ninguna pretensión. No me considero ningún genio y soy consciente de que el 80% de lo que escribo no tiene valor. Pero lo importante es que escribir me gusta. Esa creo que es la clave. Escribir desde los 11 años y haber escrito tanto no me convierte en alguien especial. Solo en una chica a quien le gustan las palabras.

Beatriz1

¿Qué pensaron tus padres cuando les contaste que querías estudiar Filosofía?
Me apoyaron mucho. Mis padres siempre han estado ahí para mí. Son un cielo. Pero cuando me preguntaron qué quería estudiar, yo no tenía tan claro que la filosofía fuese lo mío. Al principio hay muchas dudas. No es un camino claro y directo. Es más, en un primer momento me planteé estudiar Derecho en Burgos, porque lo veía como un estilo de vida seguro. Pero entonces terminé Cuarto de sol en el cielo, mi novela sobre la filosofía de Platón. Las editoriales se pegaban por publicarla, empezó a tener éxito en Castilla y León y al final se convirtió en lectura obligatoria para Selectividad. Todo esto coincidió con una jornada de presentación de la Universidad de Navarra a la que me llevaron mis padres. Allí vi el folleto del Doble Grado en Filosofía y Periodismo y me lo llevé. Era azul y negro, con el alfabeto griego -abre mucho los ojos y aprieta las manos-. Me dije: “Bueno, aunque vaya a estudiar Derecho, al menos me llevo esto y lo pongo de póster en mi habitación”. Mi madre, que estaba conmigo, me vio la cara y entendió lo que estaba pasando por mi cabeza. No hubo mucho más que hablar. Me animaron a ver el campus de la Universidad de Navarra, la Facultad de Filosofía y Letras, que parecía un templo griego, y no hubo vuelta atrás. No se volvió a hablar de Derecho.

cita1¿Qué le dirías a una persona que está planteándose estudiar una carrera de letras?
Que solo vas a poder dar lo mejor de ti en algo que te gusta. En un trabajo que no te gusta acabas amargado y haciendo difícil la vida a los demás. Sé que no es una respuesta nada elaborada, sino un completo cliché. Pero es que lo confirmo cada día. Además, vivimos en una sociedad tecnológica donde nos sobran las herramientas. Tenemos medios por todas partes. Sabemos cómo hacer las cosas. Pero no tenemos gente que piense qué hacer, por qué, ni para qué. Ese es el terreno de las humanidades.

¿Cuál es el valor que una persona de letras aporta frente a otra que haya estudiado algo distinto?
Pensamiento crítico y creatividad.

¿Qué es el pensamiento crítico?
Te pongo un ejemplo: dos personas entran a una sala de máquinas de juego. Una se acerca a la máquina del Súper Mario, mete una moneda, sigue las instrucciones de la pantalla y empieza a jugar. La otra se acerca también a su máquina correspondiente. Se mete las manos en los bolsillos, la contempla. Da una vuelta en torno a ella y después empieza a desmontarla. Examina los cables y los circuitos hasta que aprende cómo funciona. También observa a su compañero el jugador y se da cuenta de en qué momento se emociona, cuándo le excitan los colores, cuándo grita de emoción con los sonidos. Y entonces, cuando lo ha comprendido todo, sonríe. Esto es el pensamiento crítico.
Unos minutos más tarde, vuelve a montar las piezas. Pero en lugar de recuperar la máquina de Súper Mario, construye una silla de ruedas con luces de colores. Esto es la creatividad. Mientras tanto, el otro sigue jugando.

Nuestras empresas, instituciones de gobierno y hasta nuestra sociedad en general son máquinas. No lo digo en un sentido peyorativo, sino que entiendo la palabra “máquina” como una estructura diseñada para obtener un determinado resultado. Cuando somos el trabajador de una empresa o cuando formamos parte de una sociedad, entramos en el circuito de una máquina. Las humanidades y, en especial, la filosofía, te da el poder de situarte por encima de esa máquina, entenderla y cambiarla. El núcleo de las carreras de letras es que, cuanto más las estudias, más libre eres.

Beatriz2

¿Cuáles son los cambios más importantes que va a atravesar el mercado laboral en los próximos años?
¿A mí me lo preguntas? ¡Ya me gustaría saberlo! A ver, voy a intentar darte una respuesta teniendo en cuenta mi ignorancia. Lo que salta a la vista es la revolución digital. Todos los jóvenes, por cambio generacional, dominamos las nuevas tecnologías. Pero existe el peligro de dejarnos arrastrar por ellas. Creo que es muy importante tener capacidad creativa. La gente que es capaz de crear valor es gente emprendedora, creativa, que ve un proyecto como algo que involucra todas las facetas de la persona. No simplemente como una máquina de crear dinero, productos o servicios, sino como algo completo, humano.
Los compañeros de universidad más brillantes que tengo están haciendo proyectos por su cuenta, como emprendedores. Quizá porque el sistema, tal y como está organizado, no les satisface. Por eso buscan vías alternativas. La tecnología de hoy permite construir tu propio camino, que muchas veces no es el más cómodo, porque quizá no vayas a tener un sueldo fijo, pero sí es el que a la larga te haga sentir satisfecho con tu vida.

¿Qué es lo más importante que has aprendido en la universidad?cita3
La filosofía me ha enseñado a mantenerme independiente de las opiniones de otros, a aprender a ser crítica con lo que leo, a dar siempre una vuelta de tuerca a lo que escribo. Y no me refiero a cambiar unas cuantas palabras, para ver si la frase suena mejor, sino a desafiar mi punto de vista sobre las cosas, a examinar mis propios prejuicios y las valoraciones que hago de forma inconsciente. La filosofía te cambia la mirada. No la pluma, sino la mirada.
El periodismo, por otro lado, ha sido el contrapeso práctico. Te pone los pies en la tierra y te ensucia. Mis profesora de escritura, Beatriz Gómez, siempre me decía que la escritura es tierra, carne, mancharse las manos. Y que no se puede estar siempre en las nubes -se echa a reír. Parece que esto le ocurre a menudo-.
Pero lo más importante de todo ha sido aprender que cada persona es un universo, único, imposible de imitar. Y que al mismo tiempo, después de un café de dos o tres horas, uno se da cuenta de que todos estamos hechos de la misma sustancia.

¿Cuál es tu trabajo ideal?Untitled-7
Leer, hablar con personas, escribir y tomar el sol.

¿Por qué necesitas hablar con personas inquietas?
Porque un libro es un diálogo con gente que está muerta. Pero una conversación con alguien inquieto es mil veces mejor. El diálogo con gente con inquietudes te da muchas más ideas y te cambia mucho más la manera en la que ves las cosas que cualquier libro. De hecho, eso es lo que me llevo de la universidad. La gente que se ha cruzado en mi camino, mis profesores y mis amigos.

En la universidad montaste un club literario. ¿Por qué?
¡Porque no existía! Y yo quería participar en algo así. Así que pensé: “Bueno, pues móntalo tú misma”. Comencé con mis amigos, pegando carteles por distintas facultades. Actividades Culturales nos ayudó a dar avisos por correo electrónico y se empezó a difundir. El día que comentamos Robinson Crusoe, fuimos 42 personas. ¡No entrábamos en el bar!

¿Cuál ha sido tu trayectoria después de acabar la carrera?
Acabé en mayo del año pasado, estuve un mes dedicándome a congresos de filosofía y a escribir artículos para algunas publicaciones. Después estuve trabajando como captadora de socios para la Cruz Roja. Y luego me vine a Madrid, a realizar unas prácticas en el departamento de comunicación corporativa de Prosegur.

¿Y qué tal la experiencia como captadora de voluntarios en Cruz Roja?
-Se ríe Me encantó. De hecho tengo un blog en el que cuento historias de gente con la que hablaba. Se llama Con chaleco en la calle. Salió en Yorokobu y varias revistas más, porque gustó bastante. Escribía perfiles sobre gente con la que me encontraba y cómo intentaba que se hiciesen socios. El trabajo, de hecho, se me daba bastante bien.

¿Por qué crees que hay una percepción negativa en torno a las carreras de letras?
Porque se les pide el mismo resultado que a las ciencias. En los últimos años, los grandes avances (entre comillas lo de “grandes” y también lo de “avances”) han tenido lugar en el terreno de las ciencias de la salud o de la tecnología. El problema está en pedirle lo mismo a las humanidades. Las humanidades no pueden seguir el mismo método de las ciencias empíricas. Cada una juega en una liga totalmente distinta. No, no, es que ni siquiera juegan al mismo deporte. No es que las ciencias empíricas estén en la final de la Champions y las humanidades se hayan quedado en tercera división zeta. Es que las ciencias juegan al fútbol y las humanidades están excavando a doscientos metros bajo tierra. Sin malinterpretar…

BEATRIZ4

¿Tu paso por la universidad te ha llevado a ser más creativa?
Sí, cien por cien. La universidad me ha servido para ampliar horizontes a lo bestia. Lo que no tengo claro es si eso tiene un lugar en una empresa o en un entorno de trabajo anterior a la revolución tecnológica. Los viejos monstruos empresariales no tienen un interés fuerte -todavía- en el pensamiento crítico ni en la creatividad. Por eso, si no evolucionan, estas empresas están condenadas al fracaso. A día de hoy todavía estamos en un proceso de transición. Y, personalmente estoy mucho más interesada en empresas pequeñas que acaban de empezar. Ahí es donde está la magia.

cita4¿Qué es lo que más te importa de tu trabajo?
Crecer. Me preocupa que la gente se construya su zona de confort cuando lleva muy poco tiempo trabajando. No quiero estar toda la vida frente a una hoja de Excel, haciendo números y presentaciones que son todos los días iguales. ¿Dónde está tu energía? ¿Dónde está tu hambre?

¿Qué fue lo que más te sorprendió al llegar a la universidad?
El cambio radical con respecto al colegio. En el colegio te guían mucho, a mí por lo menos. Te lo daban todo muy mascado, los apuntes casi dictados. Lo que más me alucinó de la universidad fue darme cuenta de que las paredes ya no estaban aquí, a un centímetro de distancia, sino que las habían tirado y podía moverme a mi aire.

¿Cómo les explicas a unos padres que quieres estudiar una carrera de letras?
Hemos nacido en un mundo que no es el suyo. Ellos lo  han tenido mucho más difícil, saben de verdad lo que es ganarse el pan cada día. Yo me considero una afortunada, porque no he tenido que trabajar a la vez que estudiaba una carrera. Y he podido escoger lo que me gusta de verdad, en lo que soy buena (creo). Por eso, si a uno le dan la oportunidad de estudiar lo que le gusta, es una obligación hacerlo. Miles de personas no pueden. Es la pirámide de Maslow: si tienes las necesidades básicas cubiertas, sube al escalón de arriba, salta por encima de lo práctico. No es menospreciar lo práctico, es proponerse una meta más alta. Vamos a por la filosofía, la historia, las humanidades, la literatura. Vamos a por algo mayor.

¿Qué crees que hay que plantearse realmente para elegir una carrera u otra?
¿Qué es lo que harías gratis durante el resto de tu vida?


Suscríbete a nuestra Newsletras

You have Successfully Subscribed!

favicon  Usamos galletas con pepitas de chocolate

Este sitio web utiliza cookies (galletas con pepitas de chocolate en castellano) para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Más información.

ACEPTAR