Inés Olza es investigadora de discurso público, retórica y comunicación en el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra, frente al que posa para la foto. Decidimos preguntarle por el lenguaje de los políticos actuales, por las salidas profesionales en Filología y por su afición por cantar ópera.

 
Cuéntanos, Inés, cuando dices que investigas el discurso público, ¿a qué te refieres exactamente?
Básicamente, me refiero a “diseccionar” lo que los políticos, periodistas e instituciones nos dicen en el día a día, y cómo nos lo transmiten. Los ciudadanos recibimos constantemente datos, ideas y opiniones que es necesario contrastar y analizar críticamente: eso es lo que promueve la investigación del equipo del Instituto Cultura y Sociedad en el que trabajo.

Uno de tus libros se titula Corporalidad y lenguaje. En tu vida cotidiana, ¿analizas el lenguaje corporal de la gente?
Sí, no puedo evitar fijarme en los gestos y en los movimientos corporales de quien habla conmigo. ¡Hay amigos y colegas que se estresan mucho al saber que me dedico a estas cosas! En cualquier caso, mi atención al lenguaje corporal no tiene como objetivo enjuiciar o criticar a mi interlocutor, sino descubrir lo que nuestros gestos revelan: no solo nuestras actitudes y emociones, sino también qué está sucediendo en nuestra cabeza mientras hablamos. Por ejemplo, con nuestras manos construimos espacios interactivos donde vamos situando las cosas y personas de las que hablamos. Es muy interesante ver dónde ubicamos unos y otros elementos, pues esto indica cómo los relacionamos consciente o inconscientemente.

¿Qué opinas del lenguaje corporal y hablado de nuestros políticos?
Siento ser un poco pesimista, pero, por lo general, ambos presentan defectos paralelos: fluidez muy mejorable, rutinas repetitivas, falta de variedad estilística, escasa naturalidad en muchos casos… Aunque hay excepciones, por supuesto: es indudable que Albert Rivera y Pablo Iglesias han subido el listón retórico en los dos niveles (lingüístico y gestual).

¿Y cuáles son sus puntos fuertes y débiles?
Resumí mis opiniones al respecto en un artículo publicado en la revista PAPEL (El Mundo) poco antes de las elecciones generales del 20 de diciembre. Rajoy usa frases cortas y tajantes, es el que más necesita leer un guion previo y no domina el lenguaje no verbal. El punto fuerte de Pedro Sánchez es la tranquilidad con la que habla, aunque en ocasiones suena ensayado. Rivera habla muy seguro y con complejidad discursiva, si bien su excesivo entusiasmo puede sonar invasivo. E Iglesias domina las frases largas y el vocabulario preciso, aunque su entonación es, en ocasiones, demasiado seria.

¿Te atreves con un pronóstico de lo que ocurrirá en las próximas elecciones desde el punto de vista comunicativo?
No creo que vaya a suceder algo muy distinto de lo que vimos en las primeras elecciones; elecciones en las que, por otra parte, nos topamos con aspectos muy positivos. Los debates y la dialéctica entre los “viejos” y los “nuevos” partidos coparon buena parte de la atención mediática, y esto tuvo una clara influencia sobre el voto indeciso. Que los políticos se pongan a prueba debatiendo en la arena pública siempre es una buena noticia. Eso sí: en estas elecciones de junio, deseo, como novedad, la intervención de Mariano Rajoy en el debate a cuatro (PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos). Lo que sucedió en el debate anterior –que Rajoy delegara en Sáenz de Santamaría– fue completamente anómalo.

letras_01¿Podemos afirmar que el ganador de unas elecciones es el mejor comunicador, y no el mejor político?
Pues, aunque queramos pensar lo contrario, no es así como sucede habitualmente. No siempre gana o gobierna el que mejor comunica. Para muestra, un botón: Rajoy y su partido recibieron el mayor número de votos en las elecciones de diciembre y, desde luego, el PP no cuenta con los mejores oradores de la escena política actual. Eso sí, unas buenas dotes de comunicación pueden convertir en imbatible a un político que previamente viene convenciendo por las ideas y los valores que transmite: esto sucedió con Obama, sobre todo en su primera elección. En este sentido, no me parece saludable que la oratoria prevalezca sobre el programa o los ideales políticos. Tenemos sobrados casos en la historia reciente (totalitarismos, populismos) en los que, desgraciadamente, el lenguaje se ha puesto al servicio de los peores fines políticos, pervirtiendo, ocultando o deformando interesadamente la realidad.

letras_02Los políticos lanzan un mensaje pensado y planificado. Y a su vez, los medios de comunicación lo cuentan de una manera que también está orientada. Después de este doble sesgo, ¿queda alguna esperanza de averiguar lo que ocurre?¡Qué gran pregunta! El grupo de investigación al que pertenezco (GRADUN) busca, precisamente, despertar una conciencia crítica respecto a los filtros que el discurso público impone a nuestro conocimiento de la realidad. Yo soy optimista: es cierto que con frecuencia dejamos que los políticos o los periodistas piensen por nosotros, pero hoy en día disponemos de herramientas de libertad e independencia que antes eran impensables (acceso a la red, posibilidades de comunicación enormes, facilidades para viajar y conocer otras realidades de primera mano, etc.). Y no podemos olvidar que hay profesionales de la comunicación que hacen muy bien su trabajo, comunican con rigor, honestidad, y son excelentes mediadores entre la realidad y la opinión pública.

¿Puedes ponernos algún ejemplo del modo en que el lenguaje determina el discurso público?
El lenguaje no es una herramienta secundaria que tan solo dé nombre a lo que pensamos: el lenguaje refleja crucialmente cómo categorizamos y ordenamos la realidad y, en ocasiones, llega a influir de modo decisivo en el modo en que miramos y nos relacionamos con el mundo. Por ejemplo, que la banda ETA y su brazo político logren que a los terroristas encarcelados se los llame “presos políticos vascos” en algunos foros nacionales e internacionales supone un triunfo que debe inquietarnos profundamente. En estos casos, no se impone solo una mera denominación, una mera etiqueta, sino un modo ilegítimo de presentar, de enfocar la realidad. Las sociedades democráticas deben ser especialmente críticas con las manipulaciones del lenguaje público.

En el último año se ha hablado mucho de ciberactivismo y política digital. ¿Qué crees que sucede cuando el discurso público se traslada a internet y a las redes sociales?
Fundamentalmente, que se somete al juicio general –del ciudadano de a pie– en modos que antes no podíamos imaginar. Creo que es una suerte, y a la vez una gran responsabilidad, que todos podamos convertirnos ahora en “hablantes públicos”: los ciudadanos tenemos ahora vías de interacción con los políticos o los periodistas que antes, simplemente, no existían. El usuario de internet y las redes puede ejercer formas de presión –positiva o negativa– que antes no estaban a su alcance.

letras_03Así que la manera en que nos comunicamos afecta mucho a lo que comunicamos. “El medio es el mensaje”, pero sin ser tan radicales como Marshall McLuhan. ¿O sí que hay que ser tan radical?
El lenguaje puede filtrar y orientar nuestra interacción con la realidad, pero no hay nada que pueda prevalecer sobre una buena idea, sobre un pensamiento profundo y crítico que se acerque de modo honesto a la realidad. Las llamadas carreras “de letras” son el mejor abono para que el pensamiento libre y crítico crezca y fructifique. Y, en esta misma línea, la Filología contribuye a transmitir mejor nuestro pensamiento, a darle la forma definitiva con que lo presentamos a los demás.

También has investigado sobre nuevas tecnologías. ¿Leemos y escribimos diferente en una pantalla que en un papel? ¿Cómo afecta el formato al lenguaje?
Yo soy omnívora: consumo literatura en papel y en formato electrónico. Sí es cierto que el soporte condiciona el modo en que leemos y recibimos información: hay estudios que documentan perfectamente cómo las nuevas tecnologías (internet, el llamado “lenguaje hipertextual”, etc.) han modificado nuestros tiempos de atención, la dirección de nuestra lectura y nuestra capacidad de integrar significados (ahora somos capaces de mezclar muy rápidamente estímulos verbales, visuales y sonoros). Y, por supuesto, estos nuevos canales también tienen su impacto en nuestros hábitos de escritura. Para mí, lo ideal es huir de actitudes catastrofistas y aprovechar los hábitos mentales que exigen uno y otro tipo de canales (los tradicionales –papel y lápiz– y los más recientes –pantallas y tecnologías digitales–). Las nuevas generaciones deberían ser capaces de desenvolverse en los dos ámbitos.

letras_04Estamos saturados de lenguaje. Los medios nos lanzan mensajes continuamente. ¿Crees que nuestra capacidad de asimilación se está atrofiando?
Más que atrofiarse, veo que nuestra capacidad de asimilación se está fragmentando. Seguramente somos capaces de recibir el mismo volumen global de información, solo que necesitamos que esta se nos dé a través de “píldoras” de fácil ingesta. Parece que los discursos “de lenta absorción” o de “liberación prolongada” –es decir, los discursos largos, densos y elaborados– están perdiendo terreno irremediablemente. En esto sí rompo una lanza en favor de lo más tradicional: además de ser unos ases de la comunicación típicamente digital (cosa muy positiva, no hay duda), nuestros jóvenes deberían ser también capaces de comprender o escribir, por ejemplo, una columna de opinión irónica, una carta formal dirigida a un comité de selección o un informe técnico de una consultoría. Son tipos de texto a los que todos nos seguiremos enfrentando en un momento u otro de nuestras vidas. Se trata de ampliar capacidades de comunicación, no de reducirlas.

Sabemos que te gusta cantar ópera. ¿De dónde te viene?
¡Cielos, qué bien informados estáis! Me gusta cantar en general: ópera u otro tipo de repertorio, casi siempre en el terreno del canto clásico. La afición musical me viene de familia. Y fíjate: es, en buena medida, una afición muy filológica. Por ejemplo, cantar ópera exige aunar técnica vocal con técnica interpretativa (es decir, hacer también buen teatro); y recibir clases de canto ayuda a comprender muy bien cómo hablamos –o deberíamos hablar– en nuestra vida cotidiana. A mí el canto me ha ayudado a articular mejor, a manejar mejor el aire (sí, ¡antes me ahogaba!), a proyectar mejor la voz… ¡Y todo esto me ha ayudado muchísimo a la hora de hablar en mis clases! También, en otro terreno, para superar el miedo escénico que todos tenemos.

¿Cómo te diste cuenta de que la filología era lo tuyo?
Todo me empujó a estudiar Filología: mi amor por las palabras siempre estuvo ahí; tengo dos tías filólogas; y mi padre, que es matemático, se entusiasmó más que yo en que pudiera estudiar esta carrera. En definitiva, no tuve que luchar contra los elementos para estudiar lo que realmente quería.

¿Qué te ha aportado la carrera?
Resumir los valores de esta carrera no es fácil. En pocas palabras: la reflexión profunda sobre el lenguaje (también en su faceta más creativa, la de la comunicación literaria) te lleva a fijarte en cómo pensamos, en cómo comprendemos la realidad, en cómo interactuamos con los demás, en lo que nos hace específicamente humanos y en aquello que nos llama a la trascendencia. No es poco, ¿no?

¿Qué salidas profesionales has descubierto como filóloga que antes no sabías que existían?
¡Muchas, de verdad! De hecho, hay varias a las que he tenido acceso en mi trabajo actual como investigadora: desde asesorar a políticos en sus discursos hasta elaborar pruebas periciales requeridas en juicios, pasando por colaborar con expertos en computación y big data o analizar junto con humoristas gráficos cuáles son las mejores maneras de arrancar una sonrisa a los lectores.

Y por último, para irnos con esa sonrisa, ¿nos das un consejo para la vida en general?
Qué difícil… Tal vez, pensar siempre que lo mejor está por venir. Y trabajar para que así sea también en la vida de los demás.

Muchas gracias por tu ilusión, Inés.

Inés Olza con su grupo de ópera

Inés Olza (extremo derecha) con varios miembros de la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona, en la que canta desde 2008. Fotografía: Jesús Alfonso Larrea / Fotografía de portada: Paola Ciriza.

 

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