Si estás estudiando (o has estudiado) Filología, seguramente te sonarán frases como: “¿Y eso qué es?”, “Qué rollo”, “¿Y hacéis algo más, o solo leéis?”. Sí. Los filólogos somos algo así como unos bichos raros adictos a los libros y a la sintaxis. Pero seamos lo que seamos, yo no me arrepiento de haber estudiado esta carrera y puedo decir bien alto que soy de letras.

Desde que estaba en el colegio tenía claro que quería ser filóloga. No podía (y sigo sin poder) separarme de un libro. La clase de Lengua era mi favorita y me quedaba prendada cuando mi profesora Amparo nos contaba historias de un tal Federico García Lorca, Antonio Machado o su favorito, Calderón después de leer fragmentos de sus textos. Fue entonces cuando lo supe: quería saber más y leer hasta que me salieran las letras por las orejas. Ya en la universidad conocí a mucha gente más gente aficionada a la literatura como yo, pero también conocí a personas que se habían metido en la carrera porque “era una de las fáciles”. Es algo que se oía mucho y que seguramente se siga oyendo ahora: Las carreras de letras son las más fáciles. Lo difícil es estudiar Medicina, Derecho, Química: las carreras “importantes”. ¿Y qué pasa con los filólogos? ¿No somos importantes? Al contrario. Los filólogos somos mucho más importantes de lo que se cree.

¿Y después de estudiar qué? Por lo que respecta a los filólogos, parece que estemos condenados: o nos convertimos en profesores, o seguimos estudiando y nos dedicamos a la investigación. El mundo editorial o no se considera o queda como algo muy lejano para alguien recién graduado. Pero, ¿qué pasa si no tengo vocación de profesora? ¿Y si no me puedo permitir seguir estudiando para la investigación? Tranquilos, hay esperanza. Porque sí, la filología tiene más salidas.

Que hayamos estudiado esta preciosa carrera no quiere decir que no podamos complementarla con el periodismo u otros medios de comunicación (muchos de los grandes periodistas son o han sido filólogos), ser correctores o lectores en una editorial o, quién sabe, si lo vuestro es escribir a lo mejor os convertís en los futuros premio Nobel de Literatura. Lo importante es que tengáis claro vuestro objetivo. Y sea lo que sea en lo que os queráis convertir, tranquilos, no penséis que por ser filólogos vamos a ser unos “intrusos” en otras profesiones. Todo lo contrario, somos muy necesarios. Nuestra carrera nos ha aportado un dominio de la lengua y unas competencias comunicativas portentosas. Aprovechémoslas. Porque los años que hemos dedicado estudiando filología no han sido en vano.

Por favor, no me malinterpretéis, si vuestro sueño es convertiros en profesores, hacedlo. La docencia es importantísima, y se necesitan más y mejores profesores cada día. Pero si lo tuyo no es dar clase, no te estanques pensando que la filología no sirve para nada y lucha por lo que realmente quieras ser.

Raquel Mallén
Filóloga hispánica y fotógrafa a tiempo partido.
Madrileña de nacimiento, adicta a la literatura, el cine y la pizza.
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