Hay quienes piensan que la música pop no tiene contenido, que está hecha para consumir y tirar a la basura. Y, en efecto, así es. O al menos, la mayor parte. Pero hay canciones que nos pasan desapercibidas y que están llenas de referencias mitológicas, artísticas y literarias. Las llevamos en el móvil, las escuchamos en el autobús, en el supermercado, en la discoteca. Y no nos percatamos de que nos hablan de hérores y dioses griegos, de reyes hebreos, de sirenas y de minotauros. Algunos no se lo creerán. Pensarán que estamos haciendo una relación forzada, porque nos interesa. Ya verán como no.

 

Lady Gaga – Venus
La protagonista es la diosa griega del amor, Venus (Afrodita, para los romanos). En el videoclip, Gaga escenifica El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli. Si uno presta atención a la letra, le oirá hablar de un amor divino, más allá de la tierra (y de cierto bikini hecho de ostras). Según cuenta la Metamorfosis de Ovidio, Venus surgió de la combinación del agua del mar y los genitales de Urano, recién castrado. La diosa brotó de las olas y se deslizó sobre una concha, hasta alcanzar la playa de Chipre. Lo que poca gente sabe es que Lady Gaga tiene un considerable bagaje cultural. Mientras estudiaba en Covent of the Sacred Heart, en Nueva York, se interesó por la literatura clásica y las teorías artísticas. Lejos de la mayoría de canciones pop, vacías de contenido, la música de Gaga está plagada de referencias artísticas, históricas y literarias.

 

 

La versión romana de Venus se encuentra en Aphrodite, de Kylie Minogue. Cuando decimos “romana”, queremos decir “menos creativa”. Práctica. Puramente ténica. Lady Gaga representaría el lado griego; Kylie Minogue, el romano. Mientras que los griegos derrochaban creatividad y querencia por el pensamiento ideal, los romanos se atenían a lo puramente práctico. Así que cero atención a la letra de Aphrodite, porque no dice nada. Puro producto del pop. Práctico y nada más. (Sin rencores, Kylie).

 

Katy Perry – Wide Awake
Katy se encierra en su camerino, se quita la peluca rosa y… aparece en el laberinto del minotauro. Farolillo en mano, avanza por pasadizos cubiertos de enredaderas. La luna le da una ducha plateada. Katy encuentra dos minotauros gemelos, símbolo de sus propios demonios mentales. La canción habla de un “despertar”, es decir, de abandonar un estado de confusión laberíntica, plagado de minotauros que nos acosan, para salir al aire libre. Si uno no presta atención a la letra (y si no ve el videoclip), le parecerá que Katy se ha sacado de la manga una canción más, para ganar unos cuantos millones de dólares y reventar listas de éxitos. Efectivamente, es así. Pero hay algo más: la historia del laberinto, en el que 14 jóvenes morían devorados por el minotauro. La desgracia se repitió año tras año, hasta que el príncipe Teseo se internó en el laberinto y consiguió matar a la bestia. Para salir con vida de allí, Teseo contó con la ayuda de Ariadna, quien le ofreció una bobina de hilo con la que ir marcando el camino por el que había venido. Igual que Teseo, nuestra querida Katy consigue matar a sus bestias psicológicas y salir del laberinto.

 

 

Florence and the Machine – Delilah
Una chica espera una llamada de teléfono. De su novio, suponemos. Pero el móvil permanece en silencio y la chica desata su lado furioso. Se convierte en la temible Dalila. La misma Florence Welsh canta: “no sabía que era una bailarina; Dalila me enseñó cómo hacerlo”. Esta canción cuenta lo que le ocurrió a Florence en la vida real, mientras grababa su disco en Jamaica y esperaba furiosa la llamada de su novio. Dalila es una de las mujeres fatales de la Biblia. Traiciona a Sansón, después de enamorarle y pedirle que le revele el secreto de su fuerza. Cuando el héroe le confiesa que su melena es su punto débil, Dalila aprovecha para que los filisteos lo maten. En la canción de Florence, Dalila es un símbolo de fuerza, poderío, rebelión. Y, sobre todo, de mujer traicionera.

 

 

Franz Ferdinand – Ulysses
Ulises. De nuevo Ulises. Por si no habíamos tenido bastante con el Ulises de Joyce, la banda escocesa de indie rock, Franz Ferdinand, vuelve a hablarnos del héroe de Homero. Pero aquí no es un guerrero intrépido y astuto, qué va. Es un Ulises psicodélico, con zapatos de punta y camisa desabrochada. Ojeras, cabello revuelto. Más alcohol de lo recomendado por los médicos. (Bastante más). Según cantan los Ferdinand, este Ulises “encontró un nuevo camino”. ¿De qué camino se trata? Porque parece que este Ulises moderno, por más que lo intenta, no puede volver a casa. La cuestión es: ¿tiene una casa a la que volver?

 

 

Christina Rosenvinge – La joven dolores
Aquí están las sirenas de Ulises. Mi vida bajo el agua es la canción que abre La joven dolores, el album que cuenta la historia de una sirena que solo puede respirar bajo el agua. “Se supone que las sirenas son las primeras femmes fatales que existen en la iconografía popular, y esto es algo que me hace mucha gracia. Es una proyección de los hombres que en realidad no existe, no hay mujeres fatales, a pesar de que a todas nos gustaría serlo en alguna ocasión”, dijo Christina Rosenvinge.

 

Led Zeppelin – Achilles Last Stand
El cantante de Led Zeppelin, Robert Plant, se rompió el tobillo en un accidente de coche. Y aprovechó para escribir la canción más larga del álbum Presence. A Robert le encantaba la mitología griega y utilizó la metáfora del tobillo para hablar del punto débil de Aquiles, el héroe de Troya. (Aquí no huele a arrogancia, ni nada…). Los Led Zeppelin hablan de las aventuras de Aquiles y su vida en la naturaleza. Y también del “último esfuerzo de Aquiles”, ese instante en que Paris le asesta un flechazo en el tobillo y el héroe legendario se desploma. O, como prefieren decir los Zeppelin, “cae en los maravillosos brazos de Atlas, quien sostiene los cielos desde la tierra”.

 

 

Una apuesta: de cada 10 canciones, al menos 3 tienen algún guiño a nuestra tradición cultural. La música pop no es tan dumb, después de todo. Solo hay que saber escuchar.

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