Si quieres estudiar una carrera de letras y no sabes cómo contárselo a tus padres, te proponemos que les envíes una carta como esta. La encontramos rebuscando en un cuaderno, en medio de apuntes de filosofia, historia y literatura. Creemos que consiguió su objetivo.

 

Queridos papá y mamá (sobre todo papá),

Sé que últimamente estoy un poco así. Cada vez que me preguntáis qué me pasa, no encuentro las palabras para contároslo y al final termino hablando de lo que vamos a comer. Mamá, sé que tú me quieres. Papá, sé que tú quieres que sea ingeniero. Pero es que tengo un grano asqueroso en el pulgar y me han dicho que es de por vida. Espero que podáis aceptarlo.

Escucho un verso de Octavio Paz y empieza a temblarme el pulgar, como si tuviese vida propia. Entro en clase de filosofía y el grano se pone contento. Deseo que la clase no se acabe nunca y que incluso solape la hora de matemáticas que viene después. Cuando me voy a la cama y apago la luz, el grano brilla en la oscuridad y me entran ganas de volver a encender la lámpara, coger un libro de historia y enterarme de qué pasó con la Armada Invencible. Un día intenté ahogar esos pensamientos y me fue imposible dormir. Empecé a pensar en qué habría hecho Felipe II, cuántos cañones llevarían los ingleses, por qué se desató el vendaval. Y se me acabó ocurriendo el argumento de una novela. Qué horror. Tuve que levantarme a echarme agua en la cara y a escribir un par de líneas en mi cuaderno de notas. Ese fue el día en que mamá me encontró en el baño y yo le dije que estaba mirando si funcionaban las bombillas. “¿Con un bolígrafo?”, preguntaste. “Sí es que, si les pegas con él, lucen más”. Vale, no comments. Ningún sentido.

Ya sé que tú lo sabes, mamá. Es muy cantoso cómo entras a mi cuarto y haces como que no ves los libros de Aristóteles en la mesilla, o cómo toses incómoda cuando me paro a mirar las novedades de la biblioteca. Cuando tus amigas te preguntan qué voy a estudiar, tú te quedas en silencio. Te tragas de golpe la galleta y empiezas a toser. Si en una de esas se te va por el otro lado y tienen que llevarte al hospital, prometo que iré a verte con un guante en la mano, para que no se me note el grano.

He conocido a otro chico con un grano como el mío. Dice que no pasa nada, que somos normales. Le gustan las historias que hay detrás de los videojuegos, ve películas que no solo tienen acción y lee novelas de Murakami. Como yo. El otro día tuvimos una conversación muy profunda sobre el sentido de la vida, y me encantó. Me contó que cuando hace esta clase de cosas, el grano disminuye hasta casi desaparecer. Es una especie de antídoto. Pero entonces el cronómetro vuelve a ponerse en marcha. Y cuando pasa demasiado tiempo sin hacer nada relacionado con las letras, el grano se le hincha otra vez y tiene que volver a coger un libro, o a mantener conversaciones profundas con algún amigo. Así es como funciona.

Lo siento. Tengo el grano de las letras. El tratamiento es vitalicio y consiste en estudiar [escribe aquí tu tratamiento]. Sé que os estoy dando un disgusto terrible. Pero recordad que, aunque la gente me vaya a poner una sonrisita cada vez que le diga lo que estudio, yo seré bastante feliz. Este grano tiene cosas buenas y es que, como os dije antes, es capaz de dar luz en la oscuridad.

Os quiere mucho,

[Si tienes el grano de las letras, echa una firmita aquí]

 

Posdata: Papá, cuando me enseñaste cómo funcionaba el motor del coche, me gustó. No estaba fingiendo, te lo prometo.

Suscríbete a nuestra Newsletras

You have Successfully Subscribed!

favicon  Usamos galletas con pepitas de chocolate

Este sitio web utiliza cookies (galletas con pepitas de chocolate en castellano) para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Más información.

ACEPTAR